Igualdad y Violencia de Género
El blog de Mª José Balda
13/05/2010
Obstáculos a la igualdad (1)

EL RETO INDIVIDUAL DE LAS MUJERES

La OIT reconoce desde hace tiempo que aunque las mujeres tienen mejor preparación y ocupan más puestos de trabajo que nunca en todo el mundo, la mayoría es todavía objeto de discriminación en el lugar de trabajo y raramente consiguen superar el "techo de cristal" que las separa de los puestos de mayor nivel y responsabilidad. Es decir que en el ámbito directivo, son pocas las mujeres elegidas para estos puestos y su presencia en ellos supone aún una excepción.

Para explicar esta situación se suelen invocar causas que tienen que ver con la organización del mundo del trabajo: horarios largos e irracionales, reticencias empresariales sobre la capacidad de liderazgo de las mujeres, la cultura patriarcal que ha impregnado el mundo profesional y empresarial, actitudes abiertamente sexistas....... La realidad, efectivamente, es que las culturas organizativas generalmente están creadas por los hombres y por tanto, en el fondo, responden a sus intereses y que, por esta razón, los procesos culturales funcionan con frecuencia en contra de las mujeres y sirven para reforzar su falta de poder.

Siendo cierta la concurrencia de todas las causas expuestas, pienso que, aunque todas ellas llegarán a desparecer, persistiría la que, a mi entender, constituye el freno principal al avance de las mujeres en el terreno profesional y público, cuál es la "sobrecarga" de tareas que sobre ellas sigue recayendo en la esfera privada.

Así, cuando superados los cuarenta años, hombres y mujeres han acumulado la experiencia y conocimientos que objetivamente les capacitan para ocupar puestos de responsabilidad en la esfera pública, las mujeres no se plantean el ascenso profesional como una prioridad, no sólo porque conocen las barreras externas sino, sobre todo, porque en el ámbito familiar sus parejas no comparten con ellas la responsabilidad del cuidado de los hijos y el hogar, limitándose, en la mayoría de los casos, a "colaborar" en dichas atenciones en la medida que sus ocupaciones laborales se lo permiten y que para ellos si constituyen su ámbito prioritario de dedicación.

Así es público y notorio que las mujeres que llegan a la cima de su profesión, son aún comparativamente una minoría y que, la mayor parte de las mujeres que integran esa minoría son las que carecen de cargas familiares.

Los resultados de las encuestas y estudios en cuanto al reparto de las tareas del hogar corroboran que la mujer sigue siendo la responsable máxima del funcionamiento de una casa y por supuesto del cuidado de la familia, tanto de los hijos como de sus ascendientes e incluso de los de su pareja, independientemente de que ellas trabajen, o no, fuera del hogar.

Si a ello añadimos que la posibilidad de dedicar un tiempo extra al trabajo todavía se considera elemento decisivo para la promoción profesional (lo que difícilmente encaja con  contratos de jornada reducida o con cualquier otra formula que se adopte para poder conciliar la vida laboral con la familiar) y que, normalmente, los cursos de formación que permiten la promoción profesional se imparten fuera del horario laboral, es evidente que en la medida en que se mantenga el injusto reparto de tareas en el ámbito privado, y que las medidas de conciliación de la vida familiar y laboral se sigan considerando destinadas solo a las mujeres, difícilmente se modificará la situación actual, debiendo tenerse en cuenta que dicha persistencia no solo atenta contra el derecho a la igualdad de las mujeres sino que resulta perjudicial para la sociedad en su conjunto.

Los organismos internacionales (Naciones Unidas, OIT...) vienen recomendando la igualdad de participación de las mujeres y los hombres en la adopción de decisiones para reforzar las democracias y promover su correcto funcionamiento, ya que la diversidad de género en los centros de decisión empresarial contribuye a mejorar la calidad de las deliberaciones y decisiones, aumentando la pluralidad y diversidad de puntos de vista y experiencias.

Es evidente que resultan necesarias las políticas que faciliten condiciones de igualdad en el acceso al trabajo, y que quedan muchas medidas pendientes de adopción (adecuación de la oferta de plazas en guardería públicas, residencias y centros de día para cubrir la demanda existente......., promoviendo que las organizaciones adopten prácticas no discriminatorias, garantizando que a igual función corresponda igual salario.....).

Pero lo cierto es que para superar la actual situación es trascendente que individualmente nos resistamos a aceptar que, necesariamente, nos corresponde asumir el papel primordial en la atención a la familia, acomodándonos al papel segundario en el ámbito público para el que hemos sido educadas hasta ahora.

La mayor parte de los hombres, al contrario que nosotras, han recibido una educación que les impulsa al ámbito de lo público y, aún cuando pueden comportarse de forma solidaria en el ámbito de las relaciones sociales y laborales, mantienen un comportamiento injusto e insolidario en sus relaciones de pareja, como reflejo de la educación sexista recibida.

Si queremos cambiar esa tendencia no tenemos más remedio que mantener en el día a día un pulso permanente con nuestras parejas para superar su reticencia a asumir las tareas familiares; no tenemos porque admitir, como si fueran naturales, relaciones de desigualdad en áreas que son de común interés y que por ello han de suponer la realización de esfuerzos similares por parte de ambos.

Con perseverancia en los argumentos y no con la asunción estoica de tareas que no nos corresponden es como conseguiremos avanzar en la igualdad, en caso contrario  será muy difícil que nos encontremos en condiciones de valorar libremente nuestro nivel de dedicación e implicación en el ámbito profesional. El cambio real, como en tantas otras cuestiones, se ha de llevar a cabo de abajo arriba, debiendo partirse por tanto del cambio en la estructura básica de la sociedad que sigue siendo la familia.       

En definitiva no tenemos más remedio que asumir que para avanzar en la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres no bastan normas, ni medidas políticas, sino que se precisa del esfuerzo de cada una de nosotras para cambiar el día a día de nuestras relaciones familiares.

VIDEO: Hay que seguir combatiendo la Ablación extracto de la película Flor del Desierto de Sherry Horgman.

Comentarios
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abogae.com de
16/06/2010 23:55:41

comentar que estoy totalmente de acuerdo en la exposición que ha realizado sobre este asunto que cada vez afecta a más mujeres
Goretti Sagarduy de Vitoria (España)
05/06/2010 05:11:21

Turno de asistencia a la victima incompatible con el turno de asistencia al detenido?

Muchas veces se plantean en la práctica de llegar a la situación de coincidir en que hay que atender un día a una víctima de maltrato doméstico y otro dia por el turno de asistencia al detenido al presunto maltratador lo que es cuando menos incongruente o éticamente incompatible. Personalmente yo solo llevo el turno de asitencia a la víctima por coherencia como persona; y como profesional con las víctimas que depositan su confianza en mi. Considero que habría que regular este tema. Un saludo afectuoso.
MARIA CRISTINA MONTOYA LOPEZ de COLOMBIA
27/05/2010 01:49:31

ABOGADA

buenas noches, estoy de acuerdo con tu escrito, cualquiera sea la condición de la mujer actual -trabajadora o ama de casa- siempre está en desventaja en relación con el hombre, pese a que Dios creó la mujer para que fuera ayuda idónea de él, es decir, para complementar su obra pero nunca para que la mujer fuera vista en condiciones de inferioridad. Dios te bendiga, María Cristina
Elisabeth Carrasco Martín de Reus
13/05/2010 18:44:12

Buenas tardes, únicamente felicitarte por la realidad tan clarificadora que expones en tu artículo, me ha gustado mucho. Un saludo Maria José.
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