Es sabido que, desarrollado un proceso de mediación, no siempre culmina con la firma de un Acuerdo. żDebemos suponer, entonces, que las partes y el mediador han fracasado? Rotundamente respondemos que no.
Es sabido que, desarrollado un proceso de mediación, no siempre culmina con la firma de un Acuerdo. ¿Debemos suponer, entonces, que las partes y el mediador han fracasado? Rotundamente respondemos que no.
Hemos de tener en cuenta que, en muchos casos, la imposibilidad de alcanzar un Acuerdo en un momento determinado pone de manifiesto la necesidad de madurar más la comunicación entre las partes, de examinar por separado nuevas alternativas que han ido apareciendo en el proceso que pueden permitir, quizá, a más largo plazo, lograr una solución definitiva al conflicto. El tiempo y la voluntad invertidos en el proceso de Mediación nunca serán baldíos. A buen seguro, el conflicto ya no será el mismo que al inicio, se habrá transformado y, en no pocas ocasiones, las partes habrán tenido la oportunidad de conocer la verdadera dimensión y el alcance del problema que tienen entre manos.
En otros casos, bien pudiera ocurrir que los propios interesados reconozcan que la mediación no es la forma más adecuada para resolver su problema. Porque, no olvidemos que la mediación no es la panacea, no es la solución mágica para todos los conflictos, disputas o problemas. Conviene tenerlo en cuenta para el éxito de la “causa”.